POR JUANA
Nacho era un chico que estaba cansado de que en su casa le dijeran todo el tiempo qué hacer. Vivía en un pueblo de cazadores y su padre siempre le decía que él no llegaría al nivel de ellos, prohibiéndole ser cazador. Así que él siempre practicaba a escondidas, hasta que un día lo descubrió y lo encerró por su bien. Él, cansado de hacer siempre lo que le decían, un día se fue a un bosque muy lejano y oscuro al que le habían prohibido ir. Caminando enojado, cansado y con un poco de miedo, perdido empezó a dar vueltas y encontró una cabaña a lo lejos del bosque oscuro, donde vivía una hechicera. Era joven, linda y con pelo oscuro, llamada Circe. Él, curioso porque ya había escuchado de esa joven hechicera, entró y, cuando entró, la vio ahí. Ella, sonriendo y sin decir nada, le guardó una bolsita en el bolsillo. Nacho, asustado, se fue corriendo a su casa. Esa misma noche, Nacho, siendo muy curioso, quiso saber qué era y para qué funcionaba. Al abrirlo, encontró un caramelo con una nota que decía: Solo comer si se es valiente, y él decidió probarlo solo para desafiar a su padre.
A la mañana siguiente se levantó y empezó a sentirse raro. Le dolía el cuerpo, no podía hablar, pero como recién se despertaba no le dio importancia. Al ir al baño y verse al espejo, se dio cuenta de que ya no era él: era un oso. Nacho, asustado, gritó, corrió y fue rápidamente con su madre. Su madre, sin entender, se asustó y estaba a punto de llamar a su esposo. Nacho, con miedo, intentaba darle a entender que era su hijo, hasta que les mostró algo que significaba mucho para él: su arco de cazador. Su madre, al darse cuenta, muy asustada de que lo cazaran, lo escondió y le dijo que hasta que no encontraran la solución no saliera. Nacho, enojado porque lo escondían y seguía teniendo que hacer lo que le decían, se fue muy enojado sin rumbo. Al llegar a su pueblo, los cazadores lo perseguían y pedían una gran recompensa por su cabeza. Nacho, asustado, entonces se dio cuenta de que había cometido un error al irse. Buscó a la hechicera durante días, cada vez más desesperado, porque también empezaba a olvidar quién era.
Cuando ya casi se rendía, logró encontrar la cabaña otra vez. La hechicera le dijo que tenía que arreglar su relación con sus padres. Después de pensar mucho, Nacho fue. Su madre, desesperada y feliz porque él había aparecido, le contó a su esposo. Su esposo, confundido, lo entendió. Intentaron charlar hasta que lo consiguieron. Nacho, después de hacerles entender a sus padres, volvió a ser él; de a poco, su cuerpo volvió a la normalidad.
Al regresar a su casa, su padre esta vez no lo castigó ni discutió. Habló, escuchó y trató de cambiar las cosas de otra manera.
Al final, Nacho y su padre entendieron que ser valiente no es discutir, avergonzarse y prohibir, sino enfrentar los problemas y hacerse responsable de las cosas que uno dice y hace.