POR SIMÓN, JARED, SIMÓN Y LUCIANO
Un día en el Olimpo, Selene, la diosa de la Luna, fue llamada por un chico joven que no podía dormir y andaba despierto en el bosque Fangorrs. Entonces Zeus dijo:
—Ve, Selene, y cumple con tu labor.
Selene bajó del Olimpo y llegó al bosque de Fangorrs. Allí encontró al chico llamado Ilai. Él era deportista de los Juegos Olímpicos y estaba en el bosque pensativo porque en dos semanas tenía una carrera muy importante para su vida.
Alrededor de las cuatro y veinte de la mañana, la diosa Selene bajó frente al chico, quien quedó asombrado por su belleza.
Entonces Ilai dijo:
—¿Quién eres tú?
Selene respondió:
—Yo soy Selene y vine aquí a verte. ¿Cómo es tu nombre, mortal?
Ilai contestó:
—Me llamo Ilai. ¿A qué se debe tu visita?
Selene dijo:
—Aquí las preguntas las hago yo, mortal. ¿A qué se debe tu insomnio?
Ilai respondió:
—Estoy nervioso, no logro dormir. Tengo que recuperarme para la carrera.
Selene preguntó:
—¿Carrera?
Ilai dijo:
—Sí, soy corredor olímpico.
Selene respondió:
—Muy bien.
Ilai agregó:
—Pero no sé cómo vencer a los noventa y tres competidores más.
Selene le dijo:
—Mentalízate. Ve a esa carrera pensando en ganar. Cierra tus ojos y di: “Una carrera, un ganador, noventa y tres perdedores. Yo desayuno perdedores”.
En ese mismo instante, Ilai levantó el campamento y se fue rápido. Siguió entrenando y, cuando llegó la carrera, gracias a Selene logró “desayunar a los noventa y tres perdedores”.