POR THIAGO, LUCIANO, MÍA Y MARIANO
Tomás y Mateo casi nunca hablaban. Un día, la profesora los puso juntos para hacer un trabajo. Al principio estaban incómodos, pero mientras trabajaban descubrieron que tenían muchas cosas en común: a los dos les gustaba escuchar música, jugar al fútbol, mirar películas y tenían el mismo sentido del humor.
Al día siguiente se sentaron juntos en el recreo y siguieron hablando. Poco a poco se hicieron amigos y comenzaron a compartir las tareas, las risas y los recreos.
Desde ese día, entendieron que una simple actividad escolar podía convertirse en el comienzo de una gran amistad.