POR THIAGO, JOSÉ Y ANALUZ
Cuando todos se fueron, escuché una tiza escribiendo sola en el pizarrón.
Me acerqué y leí:
“NO MIRES ATRÁS.”
No hice caso.
Cuando me di vuelta, el aula estaba vacía.
Desde ese día, cada mañana aparece un banco más ocupado… aunque nadie vea al alumno sentado allí.