POR: KIARA, MAXIMILIANO, NEREA, TOMÁS y URIEL
Tu You you, nacida en 1930, es una científica y química farmacéutica china que alcanzó reconocimiento mundial por el descubrimiento de la artemisinina, un compuesto fundamental para el tratamiento de la malaria. Fue la primera mujer asiática en recibir el Premio Nobel de Medicina, distinción que le fue otorgada en el año 2015.
Comenzó sus investigaciones durante la época de la Revolución Cultural, un periodo muy difícil para la ciencia y el conocimiento en su país. En esos años, los científicos, profesores y personas con formación académica eran considerados sospechosos por el régimen, perseguidos y enviados a campos de reeducación para realizar trabajos forzados. Incluso su propio esposo fue trasladado a uno de estos lugares. Además, la infraestructura para la investigación se había desmantelado, por lo que llevar adelante cualquier estudio resultaba una tarea compleja, arriesgada y llena de obstáculos.
Lo que impulsó su trabajo fue un contexto histórico muy particular: la guerra de Vietnam. En ese conflicto, las tropas de Vietnam del Norte sufrían muchas más bajas a causa de la malaria que por las acciones bélicas, por lo que sus líderes pidieron ayuda a China. Fue así como el 23 de mayo de 1967, Mao Zedong puso en marcha el llamado «Proyecto 523», una misión militar secreta cuyo objetivo era hallar un tratamiento efectivo contra la enfermedad, que ya mostraba gran resistencia a los medicamentos que existían hasta ese momento.
Bajo el gobierno de Mao, hubo también una fuerte apuesta por revalorizar la identidad nacional, lo que incluyó el fomento de la medicina tradicional china. Tu Youyou contaba con conocimientos tanto en esta disciplina como en la farmacología moderna, por lo que se convirtió en una figura clave: fue capaz de aplicar métodos científicos rigurosos a recetas y textos antiguos para buscar nuevas soluciones.
Debido al aislamiento internacional de China y a la crisis económica provocada por la Revolución Cultural, los recursos disponibles eran muy escasos. Ante esta situación, ella y su equipo tomaron una decisión valiente: se ofrecieron como voluntarios para probar los extractos en sus propios cuerpos, arriesgando su salud para verificar que no fueran tóxicos y confirmar su eficacia.
Su gran aporte histórico fue el descubrimiento de la artemisinina, el fármaco que cambió el tratamiento de la malaria en todo el mundo. Este logro tuvo un impacto inmenso: permitió desarrollar terapias que hoy en día son el estándar médico utilizado en todos los países para combatir esta enfermedad.
Sin embargo, su carrera estuvo llena de dificultades. Antes de obtener resultados exitosos, tuvieron que superar numerosos fracasos, trabajar con equipamiento insuficiente y lidiar con la inestabilidad de los primeros extractos, que a veces funcionaban y otras no. El avance decisivo llegó cuando encontró un texto antiguo que indicaba que la planta debía procesarse y extraerse a bajas temperaturas, detalle que resolvió los problemas de efectividad.
También debió enfrentar obstáculos personales y familiares: tuvo que alejarse de su hogar durante años para dedicarse completamente a la investigación, dejando a su hija menor al cuidado de sus padres y a la mayor en una guardería de tiempo completo. Además, durante mucho tiempo su trabajo no recibió el reconocimiento que merecía, algo que resultó muy desmotivador para ella. Aun así, logró superar cada una de estas dificultades y dejar una huella imborrable en la ciencia.