POR BRUNELLA, FRANCISCO, FAUSTINO Y FABRIZIO
En lo profundo de un bosque de Villa Eleven, donde nadie quería entrar, vivía Elizabeth. Era una bruja muy temida por los pueblos cercanos. Nadie sabe cuándo llegó exactamente, pero las historias de ella se transmitían de generación en generación.
Elizabeth poseía una pluma negra, más oscura que la noche, con la que escribía nombres en un cuaderno de tapas gastadas. Ese cuaderno era conocido como “la lista negra”. Esta lista no era una lista cualquiera. Cada vez que Elizabeth escribía el nombre de alguien, algo extraño comenzaba a suceder. La persona sentía primero mucho calor corporal, como una fiebre intensa que ardía por dentro. Por eso, los pueblos cercanos vivían con miedo y nadie quería estar en la lista negra. Una noche, un chico llamado Santino escuchó a sus familiares hablar de Elizabeth, a lo que decían que no elegía gente al azar, sino que elegía a gente que había hecho algo injusto o algo cruel o egoísta. Ese libro lo guardaba atrás de un árbol.
Santino no sabía si era verdad o simplemente un cuento para asustarlo, hasta que un día estaba paseando por el bosque y se encontró una hoja con nombres escritos. Entre esos nombres estaba el de su amiga Brunella. Ella al igual que Santino se reía de la gente que caminaba o tenían caras raras. Y Elizabeth tenía una pierna más corta que la otra además de una cara horrorosa.
Un día, el amigo de Santino llamado Facundo se cruzó con Elizabeth y le hizo una cara por cómo caminaba. Elizabeth sacó su cuaderno, agarró la pluma negra y escribió el nombre de Facundo. Un rato más tarde, Facundo se empezó a sentir mal. Entonces Santino, al enterarse decidió ir en busca de Elizabeth.
Santino encontró la casa de Elizabeth en el medio del bosque y se acercó. Tocó la puerta y le propuso a Elizabeth un trato: haría lo que ella necesite para que deje a su amigo en paz. Elizabeth aceptó el trato, pero lo que le propuso fue horrible…