El sueño de Cataleya

Autores invitados

El sueño de Cataleya

Pixelados La Plata junio 1, 2026

POR: MAGALÍ * E.E.S N°80

Cuenta la historia de Cataleya, una adolescente de 14 años que soñaba con explorar las profundidades del mar. Sin embargo, su madre no se lo permitía, ya que su padre —un buceador profesional— había perdido la vida al ser atacado por un tiburón.

Una mañana, mientras Cataleya estaba en la escuela, le anunciaron que realizarían una excursión a San Clemente. Llenóse de alegría y entusiasmo, y al llegar a casa se lo contó a su madre de inmediato. Pero la respuesta que recibió fue un rotundo no; para Cataleya, aquellas palabras fueron como cuchillos afilados que le atravesaban el corazón.

Al día siguiente, la joven falsificó la firma de su madre en la autorización y la entregó a su maestra, con una sonrisa llena de felicidad en el rostro. De pronto, se le ocurrieron muchas ideas para poder escaparse de casa ese mismo día, ya que desde el amanecer tenía preparada su mochila con todo lo necesario. En su mente pensaba: “Mamá me perdonará con el tiempo. Hago esto por amor a papá, porque heredé de él ese cariño inmenso por el mar”.

Durante el trayecto en el autobús, conoció a dos chicas: Abril y Luna, y pronto se hicieron amigas. Ambas eran muy rebeldes y a menudo discutían por cosas triviales: se peleaban por quién se había copiado una cosa, por cuál de las dos gustaba del mismo chico, y otros asuntos sin importancia.

Mientras tanto, la madre de Cataleya fue a buscarla a la escuela y descubrió con sorpresa que su hija se había ido de excursión. Se puso muy nerviosa y comenzó a reclamar con tanta intensidad que incluso tuvo que acudir la policía. La directora del colegio llamó a Macarena, la maestra de Cataleya, y le preguntó:

—¿Estás segura de que la madre de la alumna firmó los papeles de autorización?

Macarena lo pensó un momento, y luego se dirigió directamente a Cataleya, con mucha seriedad:

—¿Acaso tú falsificaste la firma de tu madre?

La joven, con lágrimas en los ojos, pidió disculpas y le explicó la verdad: que su madre se lo había prohibido por miedo a que le pasara lo mismo que a su padre. Macarena la abrazó con ternura, llamó a la directora, se disculpó por el malentendido y le contó todo lo que había sucedido.

El autobús ya estaba en camino, y la profesora convenció a la directora de que no había forma de dar marcha atrás. Por su parte, la madre de Cataleya sufrió un ataque de ansiedad, pero la directora logró calmarla y le explicó que no podían cancelar el viaje: ya estaban muy cerca de San Clemente, era fin de año y todo estaba organizado. A regañadientes, la madre aceptó que su hija continuara, aunque seguía muy enojada por su desobediencia.

Al día siguiente, al volver a la escuela, Cataleya abrazó a la directora y le dio las gracias por haber intervenido. Contó que se lo había pasado muy bien: aunque hubo medusas y no encontró lo que imaginaba —cosas que quizás ni siquiera existen—, ella seguía manteniendo la esperanza de descubrir lo que esconde el mar.

Cuando llegó a su casa, su madre la estaba esperando y le dijo, todavía con molestia:

—¡Qué susto me diste! No tienes idea de lo mal que lo pasé. Por eso estás castigada: te quedas sin celular y sin televisión por un tiempo.

Cataleya le respondió con firmeza:

—Solo quería cumplir mi sueño. A ti tampoco te dejaron hacer lo que querías de joven, y por eso intentabas impedir que yo cumpliera el mío. Por eso me escapé, y no me arrepiento de nada: para mí, todo esto fue algo hermoso.

Luego, se fue a su habitación y se quedó pensando en todo lo que habían dicho. Tres horas después, fue hasta la habitación de su madre, se acercó y le pidió perdón por haberle hablado con tanta dureza. Su madre también le pidió disculpas: reconoció que había reaccionado mal al principio, guiada solo por el miedo. Finalmente, le prometió:

—De ahora en adelante, te apoyaré en todos tus sueños, y caminaremos juntos para cumplirlos.

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