POR JUSTINA, AILÍN, ANTONELLA Y AGUSTINA
Todo empezó cuando estaba en la semifinal del partido contra Países Bajos. En el momento en que habíamos ganado el partido, toqué mi anillo, un recuerdo muy importante de mi esposa, y noté que no estaba. En ese instante me bajó la presión y no sabía qué hacer. Miré entre la multitud, pero era imposible encontrarlo yo solo.
Una persona que estaba al lado mío vio mi cara de preocupación y notó que buscaba algo. Entonces me preguntó qué pasaba y le expliqué que ese anillo era muy importante para mí. De a poco, más personas se fueron sumando a la búsqueda, y eso me dio mucha esperanza.
Todos iluminaban con las linternas de los celulares y hacían espacio entre la gente para poder buscar mejor. Pasó un largo rato y el anillo no aparecía, hasta que, de repente, un chico vino corriendo hacia mí.
Me dijo que lo había encontrado tirado cerca de un cordón de la calle y me lo devolvió. En ese momento me emocioné muchísimo; sentí un gran alivio y se me llenaron los ojos de lágrimas, porque pensé que había perdido para siempre algo muy valioso para mí.
Finalmente, le agradecí a toda la gente que me acompañó en la búsqueda. A pesar de estar todos festejando un momento tan importante, se unieron para ayudarme y eso fue algo que nunca voy a olvidar.