POR BEEN * E.E.S N°80
El primer día que llegué a la escuela me sentía solo y no tenía a nadie a mi lado. Tenía miedo de no agradarle a alguien y tenía miedo de que me juzguen por ser gay.
Conocí primero a M ella se hizo muy, muy, muy especial para mí, me reía con ella podía ser yo (a veces). Después con el tiempo, conocí a un grupo de chicas, ellas estuvieron en toda mi vida en la primaria, con ellas SI podía ser yo mismo. Gracias a ellas pude expresar mis gustos y sentimientos libremente y yo creía que a M nunca la iba a olvidar porque fue “la mejor amistad del mundo” o eso pensaba, en ese momento.
Pronto me di cuenta de que es falsa, manipuladora, mentirosa, mala amiga, que maltrata a los demás y ella quería que yo me deje tratar como un títere y ¡NO! no me iba a dejar. Le puse un límite y no deje que me haga lo mismo que a todos los demás.
Ahora soy un chico nuevo me expreso libremente, soy muy feliz con mis nuevas y mejores amistades, de verdad ellas son muy especiales para mí y me alegra mucho haberlas conocido y M bueno ahora es una creída y muchas cosas más, pero la verdad no me importa nada que ella haga su vida y yo la mía. Así que nada, aprendí que tengo que elegir mejor a mis amistades, porque no todo siempre es color de rosas, a veces existe esa grieta que te muestra la verdad que queres tapar y no ver hasta que por fin se rompe y te muestra lo que no querías ver.
Resulta que M tenía más caras que las de un dado y yo no me junto con personas así, pero bueno lección de vida, no confíes plenamente en alguien porque no sabes cómo es en realidad.