POR JULIETA
Creo que una de las mejores cosas de la escuela es que, además de aprender, conocemos personas que pueden volverse muy importantes para nosotros. Algunas amistades duran muchos años y otras cambian con el tiempo, pero casi siempre nos dejan algún recuerdo.
En 4.º año conocí a Maitena. Al principio solo éramos compañeras, pero poco a poco empezamos a hablar más y terminamos siendo mejores amigas. Compartimos muchos momentos, tanto buenos como malos, y nunca imaginé que algún día nuestra amistad iba a cambiar.
Cuando llegamos a 5º año, Maitena estaba por cumplir 18 y tuvo que dejar el colegio. Yo pensaba que, aunque ya no fuéramos compañeras, seguiríamos hablando como antes. Pero después de que se fue comenzó a alejarse, hasta que dejó de hablarme y me bloqueó de todos lados.
Me costó entenderlo y muchas veces me pregunté si había hecho algo mal. Con el tiempo entendí que quizás simplemente las personas cambian y toman caminos diferentes.
Después conocí a Anto. Nos hicimos amigas y al principio compartíamos mucho tiempo juntas. Sin embargo, con el paso del tiempo nuestra amistad también cambió. Seguimos teniendo una relación, pero ya no es como antes y cada una está más en la suya.
A veces pienso en cómo alguien puede ser tan importante y después convertirse casi en un desconocido. Pero creo que eso también es parte de crecer: no todas las personas que conocemos van a quedarse para siempre.
No me arrepiento de haber conocido a Maitena ni a Anto. Cada una estuvo conmigo en diferentes momentos y dejó recuerdos que forman parte de mi historia.
Tal vez una amistad no tenga que durar toda la vida para haber sido importante. Porque, al final, los amigos que nos llevamos de la escuela también son esas personas que compartieron una parte de nuestra vida y dejaron algo en nosotros.
Y quizás eso sea lo más lindo de las amistades: nunca sabemos cuánto van a durar, pero siempre podemos recordar lo que vivimos mientras estuvieron.