POR NICOLÁS Y NEHEMÍAS
Mi escuela era muy pequeña. Un día, durante el recreo, escuché a alguien decir mi nombre desde un aula vacía. Entré y vi a una chica parada en una esquina.
_ No salgas de la escuela _ me susurró.
_ ¿Por qué?
Señaló la ventana. Miré hacia el patio, todos mis compañeros estaban quietos, mirándome fijamente. Me di vuelta para preguntarle quién era, pero la chica ya no estaba. Volví a mirar por la ventana. Mis compañeros ya estaban jugando como si nada hubiera pasado. Salí del aula y fui al patio, uno de ellos se acercó y me preguntó:
_ ¿Por qué tardaste tanto?
_ Estaba en el aula _ la señalé.
Me miró raro.
_ Si vos nunca entraste a esa aula.
Miré hacia la ventana… La chica seguía ahí. Pero ahora estaba sonriendo, mientras intentaba llegar desesperadamente a nosotros.