ZAYU Y EL RELOJ DEL TIEMPO PERDIDO

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ZAYU Y EL RELOJ DEL TIEMPO PERDIDO

Pixelados La Plata junio 1, 2026

POR MILAGROS, BIANCA, ORIANA, DANA Y JAZMÍN

En un rincón escondido del desierto de Qatar vivía Zayu, la mascota del mundial. Durante el día saludaba a los fans, bailaba en los estadios y se sacaba fotos con los chicos. Pero, por las noches, cuando todos dormían, miraba el cielo y soñaba con convertirse en un verdadero aventurero.

Una madrugada, una tormenta de arena cubrió la ciudad. Entre el viento apareció una figura misteriosa: un anciano vestido con túnicas doradas.

—Zayu —dijo con voz grave—, el Reloj del Tiempo del Fútbol ha sido robado. Si no lo recuperás antes del amanecer, todos olvidarán cómo jugar.

El pequeño quedó paralizado.

—¿Yo? ¿Salvar al fútbol?

El anciano asintió y le entregó una brújula brillante.

—Solo ella puede guiarte.

Zayu comenzó su viaje atravesando dunas gigantes hasta llegar a una cueva oculta bajo la arena. Allí encontró puertas flotantes que llevaban a distintas épocas de la historia del fútbol.

La primera puerta lo llevó a un estadio antiguo, lleno de barro y lluvia, donde los jugadores usaban camisetas pesadas y pelotas de cuero. La segunda lo llevó al futuro: canchas flotando en el aire y robots jugando partidos imposibles. Pero el reloj no estaba allí.

Finalmente, cruzó la tercera puerta y apareció en un bosque oscuro iluminado por miles de luciérnagas azules. En el centro había una torre negra donde vivía Varkor, un mago que quería borrar el fútbol para que el mundo dejara de estar unido.

—Las personas solo discuten y compiten —dijo Varkor—. El fútbol no sirve.

Pero Zayu respondió:

—No es solo un juego. Hace que la gente sueñe.

Entonces recordó todos los abrazos, las canciones y las lágrimas felices que había visto en los estadios. La brújula comenzó a brillar tan fuerte que iluminó toda la torre.

El reloj apareció flotando en el aire. Varkor intentó detenerlo con sombras gigantes, pero Zayu pateó la pelota dorada con todas sus fuerzas y la luz explotó como un sol. Las sombras desaparecieron y el mago huyó para siempre.

Cuando Zayu devolvió el reloj a su lugar, el anciano sonrió.

—Has demostrado que la pasión puede vencer cualquier oscuridad.

Al amanecer, todo volvió a la normalidad. Los partidos continuaron, los hinchas cantaron y nadie supo que el fútbol estuvo a punto de desaparecer.

Nadie, excepto Zayu, que desde ese día dejó de soñar con ser un héroe, porque ya se había convertido en uno.

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