POR MATEO Y KIARA
Una noche, mientras limpiaban la escuela, la directora escuchó unos golpes extraños que venían del aula 13. Al abrir la puerta, vio una sombra blanca escribiendo en el pizarrón:
«NO DEBIERON OLVIDARME».
Al día siguiente, los alumnos encontraron sus cuadernos llenos de mensajes misteriosos y las luces comenzaron a apagarse solas. Todos tenían miedo, hasta que descubrieron que años atrás un alumno había desaparecido en esa misma aula y su fantasma seguía esperando que alguien recordara su historia.
Decidieron escribir su nombre en el pizarrón. En ese momento, el fantasma sonrió y empezó a desaparecer lentamente. Antes de irse dejó una última frase:
«Ahora pueden olvidarme… pero yo nunca los olvidaré».