POR THIAGO, NAHUEL Y SANTIAGO
Era el 29 de julio de 1986. Después de que Argentina ganara el Mundial de México, todo estaba en medio del desorden y la alegría, festejando entre empujones, gritos y abrazos, hasta que vi a Diego subirse a mis hombros con la Copa del Mundo. Lo levanté y las cámaras captaron ese momento. Yo llevaba a Diego Maradona en mis hombros, entre miles de personas felices, hasta que escuché los gritos de Diego motivándome a recorrer el estadio. Las cámaras nos seguían, junto a una multitud de hinchas emocionados. Hoy, cuando lo recuerdo, sigo sintiendo esa emoción. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida: llevé al mejor jugador de la historia en mis hombros y viví un instante que nunca olvidaré.
Cuando llegué a mi departamento, vi que en la televisión estaba mi foto junto a la noticia de que habíamos salido campeones del mundo. Mi foto recorrió el mundo y me di cuenta de que había formado parte de una imagen histórica del fútbol argentino.