POR: MIA Y LUISA * E.E.S N°34
ILUSTRACIÓN: MIA
Homenaje a una guerrera, Juana Azurduy, quien nació el 12 de julio de 1780, en Chuquisaca, Alto Perú, hoy Bolivia. De origen mestizo, además del español, hablaba quechua y aymara, porque acompañaba a su padre en las labores del campo e interactuaba con las comunidades. Adquirió además la habilidad de montar a caballo y supo conducir a una milicia de doscientas mujeres aborígenes, que lograron derrotar a tropas españolas que asechaban la región. Se convirtió en toda una heroína en combate.
Y Junto a su esposo, Manuel Padilla (con quien se casó a los veinticinco años de edad y tuvieron cinco hijos), organizó el batallón autodenominado “Leales”, que en 1809 formó parte de la Revolución de Chuquisaca.
Azurduy fue una destacada patriota, símbolo de la lucha contra el dominio español. Perdió a sus cuatro hijos, mientras huían en condiciones de precariedad y malaria, de las batallas que se libraban por la independencia. En agosto de 1914, nació Luisa, la única hija que logró sobrevivir a la guerra. En 1916, por la valentía de recuperar una “bandera realista”, en manos de los enemigos, Manuel Belgrano la nombró teniente coronel de milicias y le entregó su sable como símbolo de respeto, había perdido también a su esposo en batalla. Ella continúo luchando junto a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes.
Tras lograrse la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Simón Bolivar, luego de constatar el estado de indigencia en el que vivía, le otorgó una pensión, que no cobró regularmente, Juana murió en 1862, a los 81 años, en una situación de pobreza extrema.
Nuca estará de más recordar que el apoyo de las mujeres en la lucha por la independencia fue fundamental, con pocos recursos, pero con mucha convicción e ingenio, fueron espías, enfermeras, y sobre todo, valientes heroínas.