POR CHRISTOPHER, JOSÉ Y DIEGO
* E.E.S N°46
Se conocieron siendo jóvenes, entre libros y promesas de «para siempre». Se mudaron juntos y todo empezó hermoso. Pero con el tiempo, Diego empezó a controlarle el celular, la ropa y las salidas, diciendo que era por su bien. Los gritos y los silencios se volvieron parte de la casa. Y María fue guardando miedo: dejó de reír y de contar lo que sentía.
Un día comprendió que el amor no duele ni encierra. Así que, con el apoyo de su hermana, se animó a irse. No fue fácil, pero afuera volvió a respirar, a elegir cómo vestirse y a reír sin pedirle permiso a nadie. Romper el ciclo también es una forma de amarse a una misma.