POR: FEDERICO, GONZALO Y RAMIRO
Carlos Chagas nació en julio de 1879 en Oliveira, una ciudad ubicada en el estado de Minas Gerais, Brasil. Su familia pertenecía al sector rural, y tras el fallecimiento de su padre cuando él aún era niño, su madre se convirtió en una figura fundamental para su crianza y educación. Desde temprana edad, Carlos mostró gran interés por el estudio y por las ciencias naturales. Realizó sus primeros estudios en su ciudad natal y luego se trasladó a Río de Janeiro para continuar su formación académica. En el año 1897 ingresó a la Facultad de Medicina de esa misma ciudad.
En esa época, Brasil atravesaba graves crisis sanitarias, con epidemias frecuentes de fiebre amarilla, malaria, peste bubónica y viruela. Durante su carrera, conoció al destacado científico brasileño Oswaldo Cruz, pionero de la medicina experimental, quien marcó profundamente su forma de trabajar y lo impulsó a interesarse por la microbiología y las enfermedades tropicales. Se graduó como médico en 1903, con una tesis en la que investigaba detalladamente la malaria.
Una vez recibido, participó activamente en las campañas sanitarias organizadas por Oswaldo Cruz. Viajó a zonas rurales y regiones selváticas, donde llevó a cabo estudios epidemiológicos, promovió normas de higiene, realizó fumigaciones, atendió a pacientes y trabajó en el control de los insectos que transmitían enfermedades.
En 1907 fue enviado a una pequeña localidad para controlar brotes de malaria. Allí, mientras cumplía su tarea, observó que muchas viviendas del campo albergaban un insecto conocido popularmente como vinchuca o chinche besucona. Capturó ejemplares de este insecto y al analizarlos descubrió en su interior un microorganismo desconocido hasta ese momento, al cual llamó Trypanosoma cruzi, en homenaje a su maestro Oswaldo Cruz. Más tarde, identificó ese mismo parásito en la sangre de personas enfermas, especialmente en niños. Así, en 1909, describió oficialmente una nueva enfermedad humana, que hoy se conoce como enfermedad de Chagas.
Su trabajo fue extraordinario, ya que logró explicar todos los aspectos de una dolencia desconocida, algo que muy pocos científicos han conseguido hacer con una enfermedad nueva. Recibió el reconocimiento de investigadores de todo el mundo, fue miembro de varias academias científicas internacionales y obtuvo importantes distinciones por sus aportes.
En su vida personal, formó una familia y tuvo hijos. Se le recordaba por su inmensa dedicación al trabajo, por sus constantes viajes de estudio y por su profunda preocupación ante los problemas sociales que afectaban a Brasil. Falleció en noviembre de 1934, en Río de Janeiro, a causa de una afección cardíaca.