POR UMA, MAITENA Y MARIANO
Macarena daba todo por sus hijos, Marcos y Sofía. Ella, que ya tenía toda su vida entera por ellos.
Soñaba con pintar y viajar. Eligió un camino aburrido cada peso para sus hijos. “Ellos son mi mundo”, se decía.
Se sacrificó, pero verlos felices cumpliendo sus sueños le dejaba una amargura. “Dejé mi vida por ustedes”. Pensaba su felicidad y le recordaba lo que ella había perdido.
Un día, regando sus plantas, entendió: la culpa no era de ellos, era suya por renunciar.
Aún le dolía, pero se prometió volver a pintar. Tal vez así esa amargura se fuera, dejando un amor más sano.