POR: DAIARA, ZAIRA, TOMÁS, BENJAMÍN * E.E.S N°46
Flor y Matías eran novios desde hacía dos años. No tenían grandes discusiones ni grandiosas declaraciones de amor. Los martes de lluvia eran de pizza: cada martes, uno elegía la pizza y el otro no podía quejarse, ni siquiera si era de ananá. El celular se dejaba en otra mesa: diez minutos solo para ellos dos.
Si uno tenía un mal día, el otro no intentaba arreglarlo. Solo escuchaba y dejaba que el otro sintiera. No intentaba solucionarlo ni cambiar sus sentimientos, porque al final lo mejor de una relación es dejar ser y dejar sentir; porque no todo tiene que ser cambiado. Eso era todo. No salvarse mutuamente, no ser perfectos: solo estar, sin presión.
Dos años después, siguen con los martes de pizza. A veces pelean por el control remoto; a veces se ríen tanto que se les cae el queso. Una relación sana no son fuegos artificiales las veinticuatro horas del día. Es saber que el martes, pase lo que pase, habrá pizza y alguien con quien hablar.