POR BIANCA
Un martes por la tarde, cuando las clases ya habían terminado y la escuela estaba en completo silencio, me quedé en el aula buscando un lápiz que se había caído debajo del banco.
De pronto, un escalofrío me recorrió la espalda. Al levantar la vista, las luces comenzaron a parpadear de manera extraña y un silencio inquietante invadió todo el lugar. Parecía que no estaba sola.