LA MUJER QUE JUGÓ A SER DIOS

Autores invitados

LA MUJER QUE JUGÓ A SER DIOS

Pixelados La Plata abril 27, 2026

POR: BAUTISTA,CAMILA, KEILA,LUCIANA, MAITENA Y ROCÍO * E.E.S N°46

Marie Curie, una científica brillante nacida el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, albergaba una obsesión: la creación de vida. Un día, recibió una oferta que encendió su espíritu: la oportunidad de revivir un animal extinto. Sin embargo, impaciente por alcanzar un hito histórico, Marie decidió acelerar el experimento y saltarse varios protocolos. Estaba segura de estar a punto de lograr algo monumental.

Durante meses, trabajó sin descanso en su laboratorio. No salía de allí, ni siquiera visitaba a su familia, consumida por la idea de ser la primera persona en crear vida. Tras numerosos intentos, finalmente lo logró. Un animal extinto volvió a respirar y moverse ante sus ojos. Marie sintió un orgullo inmenso.

Al principio, todo marchó a la perfección. La criatura aprendió a caminar, a comer, a escuchar y a obedecer. Marie registraba cada avance con un entusiasmo desbordante, convencida de que había superado todos los límites conocidos.

Pero, a los pocos días, la criatura comenzó a mostrar un comportamiento extraño. No dormía; su mirada se volvía cada vez más fija y su cuerpo cambió drásticamente, adoptando un aspecto aterrador. A veces reaccionaba con furia, otras veces se mostraba tranquila. Con el tiempo, la criatura se tornó peligrosa. Empezó a lanzar objetos, gruñía con rabia e intentaba escapar de su jaula, reaccionando con violencia sin razón aparente, como si algo la controlara y la llevara al descontrol. Lo más inquietante ocurrió cuando empezó a gesticular y a hablar.

Marie, aterrada y desesperada, no sabía qué hacer. «¿Qué hice mal?», se preguntaba una y otra vez. Se sentía exhausta y buscaba una solución. Revisó cada paso, cada cálculo, cada decisión que había tomado, pero no encontraba la manera de revertir lo que había creado. Lo que había comenzado como un triunfo se había convertido en una carga insoportable.

Una noche, Marie oyó un ruido estruendoso proveniente del laboratorio. Asustada, fue a investigar. Lo que vio fue tan traumático que se desmayó. Al despertar, lo primero que hizo fue tomar su teléfono y esconderse en el armario de los frascos químicos para llamar a la policía.

—¿Hola, alguien me escucha? —dijo, asustada y temblorosa.

—Hola, soy el oficial Jaime. ¿En qué puedo ayudarla? —preguntó el oficial.

—¡Ayúdeme! ¡Creé un animal aterrador y salvaje!

—Quédese tranquila, ya voy para allá a ayudarla. Permanezca escondida y no haga ruido.

El oficial colgó la llamada. Marie hizo exactamente lo que le ordenó. De pronto, sintió pasos acercándose. Comenzó a llorar y a temblar con más fuerza. En ese instante, el oficial Jaime abrió el armario donde estaba escondida y la abrazó para calmarla.

El oficial revisó todo el laboratorio, pero no encontró a la criatura. De repente, escucharon pasos en dirección a la cocina. Se dirigieron hacia allí para confirmar si la criatura estaba. Cuando llegaron, la vieron de pie sobre dos patas, comiendo carne cruda.

—¿Me buscaban? —dijo la criatura.

—Sí, tenemos que acabar con esto lo más rápido posible y terminar con tu vida —respondió el oficial.

—Tiene razón, oficial Jaime. Esto fue un experimento fallido que nunca debió existir —añadió Marie, con la voz entrecortada.

—¿Por qué me creaste así? Yo pensé que iba a funcionar —reclamó la criatura, enfadada, acercándose a Marie.

—¡No te acerques! —dijo Marie, retrocediendo.

La criatura se acercó más, dispuesta a atacarla, pero de pronto se desplomó en el suelo, suplicando ayuda.

—¡Me duele todo el cuerpo! ¿Qué me está pasando? —exclamó.

—No lo sé… Déjame ayudarte, estoy mal, no puedes ayudarme…

—Tranquilo, lo voy a arreglar. Seguro es otro error del proceso.

—No te creo. Mira lo que me hiciste, soy un monstruo.

Marie no dudó en acercarse. —Necesito que confíes en mí. Yo te creé y sé cómo ayudarte.

—¿Ayudarme? —repitió la criatura con voz temblorosa— ¿O desaparecerme como si fuera una cosa?

—No eres una cosa. Me acabo de dar cuenta de que eres uno de mis mejores experimentos.

La criatura se quedó en silencio por un momento. —¿Dime la verdad, sabías que esto podía pasar? —insistió.

—No. Pensé que ibas a ser perfecto, pero no lo soy —dijo la criatura.

—No digas eso. Todavía hay solución.

—¿Y si no la hay, qué vas a hacer conmigo? —preguntó la criatura.

—No pienses eso. Sí, va a haber solución, y si la hay, te arreglaré y vivirás conmigo.

—Está bien.

Después de eso, Marie Curie pasó toda la noche trabajando incansablemente, corrigiendo los fallos. Cuando terminó, despertó a la criatura.

—¡Lo logré! —dijo Marie, llorando de felicidad.

—¿Ahora me echarás, verdad? —preguntó la criatura.

—No. Logré arreglarte. Aunque no estabas en mis planes, fuiste mi mayor experimento y al que presentaré en el lugar donde me contrataron.

—Sí, gracias a ti estoy vivo y mereces el mejor premio de la mejor científica.

El día de la presentación de los experimentos, Marie llevó a la criatura. Cuando les tocó su turno, Marie mostró a la criatura y contó toda su historia, cómo había sucedido todo. Al momento de entregar los premios, Marie estaba muy nerviosa. Cuando anunciaron a la ganadora, gritaron: «¡Marie Curie!».

Emocionada, subió al estrado con la criatura. Tomó el micrófono y dijo: —Gracias a ti gané y logré mis sueños. Y quería preguntarte: ¿Quieres ser mi amigo?

—Sí, obvio. Tu eres mi creadora, pero principalmente mi amiga.

Se abrazaron y regresaron felices a casa. Marie se dio cuenta de que lo que al principio pareció un error, se había convertido no solo en uno de sus mejores experimentos, sino en su mejor amigo.

WebRadio · 24 hs online Pixelados WebRadio Escuchá nuestra radio escolar online: música, voces adolescentes, historias y contenidos creados por la comunidad Pixelados. Escuchar ahora