POR THIAGO, MATEO, MÍA Y LUCIANO
Esta historia acontece en el año 1940, en la Segunda Guerra Mundial. Rosie Betzler era madre de Jojo Betzler, de 11 años. Rosie era una opositora al nazismo, parte de la resistencia. Su hijo, un nazi inculcado al ejemplo de su padre, que era soldado. Su madre trataba de cambiar las ideas de su hijo y demostrar que pensar diferente no está mal.
Rosie escondía a una niña judía bajo las tablas del suelo de su casa. Elsa tenía 14 años, era hija de unos vecinos a los que habían fusilado y ella logró escapar.
Con el pasar de los años, el padre de Jojo había fallecido y Jojo, como una forma de desquitarse y seguir el ejemplo de su padre, se anotó al entrenamiento militar para juveniles y luego al preadolescente. Rosie no pudo evitar la inscripción de su hijo, ya que tuvo que conseguir un trabajo tras la muerte de su esposo y, al no poder pasar tiempo juntos, se veían más distanciados.
Jojo un día volvió temprano de su entrenamiento y decidió comer algo. Cuando se dirigía a la cocina, escuchó ruido proveniente del piso de arriba. Al principio lo ignoró, ya que no era constante, pero cada algunos minutos volvía a escuchar ruidos. Jojo, algo asustado, tomó un cuchillo y subió silenciosamente al piso de arriba. Cuando se acerca, ve a una chica mayor que él, con unos ojos más claros y radiantes que los suyos. Estaba vestida con trapos, toda sucia, con un pelo largo y despeinado. Cuando quiso gritar y pedir ayuda, Elsa se abalanzó sobre él. Justo en ese momento, Rosie abrió la puerta ni bien escuchó gritos, corrió hacia el piso superior donde estaba escondida Elsa.
Cuando los separó, Rosie quiso explicarle todo a Jojo, pero cuando mencionó que Elsa era judía, su hijo empezó a gritarle e insultarle. Pero Rosie no se enojó, no se desanimó ni se puso triste por los gritos de Jojo; calmada, lo tomó del brazo y se lo llevó a un cuarto de la casa.
Al amanecer del siguiente día, unas personas con traje llegaron a su casa, porque los vecinos habían reportado fuertes gritos en la noche. Rosie les explicó que simplemente era una discusión con su hijo y, por mucho que insistían, ella no dejó que entraran a ver su casa.
Rosie tenía una misión que cumplir: tenía que filtrar información entre los altos mandos para la resistencia. Estaba nerviosa, con miedo y sentía una tensión que nunca antes había sentido. Sin embargo, tomó un vaso de agua de la cocina, suspiró y se preparó para salir. En su cartera llevaba documentos que tenía que entregar a un alto mando alemán que se encargaba del entrenamiento a los juveniles y era un capitán del ejército. Ella solamente tenía que dejar la carta en el camión que repartía las mismas; si conseguía dejar la carta y la dirección, habría terminado su misión.
Una vez entregado, se llevó a Jojo del centro de entrenamiento. Fue lo más rápida posible para que el capitán Wilsen no supiera que ella había estado ahí, ya que no podía entrar dentro del centro o del edificio en el que se encontraba.
Sin embargo, Wilsen vio cómo abandonaba el centro junto a Jojo.
Cuando llegaron a casa, no habían pasado ni 10 minutos y surgieron visitas inesperadas. Elsa fue rápidamente a esconderse. Cuando abre la puerta, se encuentra con Wilsen, quien sospechaba de ella y le preguntó si había estado dentro del edificio central. Rosie comprendió que Wilsen ya lo sabía, entonces fue concisa: le dijo que tenía cosas que hacer y que no estaba para bromas, refiriéndose a que ella no podía entrar al edificio y que solamente había ido a llevarse a Jojo. Wilsen, enojado, le dio una sonrisa y se marchó.
Rosie sabía que tenía que escapar y llevarse a Elsa, entonces empezó a empacar. Le dijo a Jojo que la esperara y que primero tenía que esconder a Elsa.
Para cuando Rosie volvió a casa, solo habían pasado 5 minutos. Vio la puerta de su casa abierta y pensó que Jojo la había dejado abierta esperándola. Pero cuando entró, se encontró a su hijo en el suelo. Sangre y balas estaban esparcidas por la entrada principal, escuchaba pasos en el piso de arriba y veía revuelta toda la casa. No pudo gritar, apenas podía respirar mientras lloraba. Los cinco segundos que pasó viendo a su hijo parecían una eternidad. A pesar del dolor, escapó y no miró atrás; no podía pensar en nada más que su hijo y en llevar a Elsa a un lugar seguro.
Cuando llegó a la frontera de la ciudad, había dos guardias en la salida. Rosie sacó un arma de su bolso y mató a ambos. Le dijo a Elsa que corriera hacia el bosque hasta encontrar un lugar seguro. Tomó un arma, preparó una barricada y, a pesar de saber que no tenía escapatoria, tenía que darle tiempo a Elsa para que escapara.
Mientras pensaba en los momentos que había vivido junto a Elsa y Jojo, se arrepentía de su muerte, lloraba pensando que había sido una mala madre y que no merecía escapar con vida de ese lugar. Todos esos arrepentimientos que tenía para decir se los tragó y tomó un largo suspiro, levantó la cabeza y ya se veían los blindados alemanes que iban camino hacia ella.
Dos días después, Elsa se encontraba a salvo en un edificio abandonado. Se escondía allí, ya se había quedado sin agua y comida, la que Rosie le había dejado. Cuando estaba por cerrar los ojos para descansar, escuchó pasos cerca. Estaba asustada, nerviosa y con mucho frío, no sabía qué hacer. Cuando esos pasos entraron por el cuarto en el que estaba Elsa, vio a Rosie. Elsa corrió a abrazarla y llorar en sus brazos. Rosie estaba algo débil, pero no quería mostrarle eso a Elsa. Ella la abrazó fuertemente y le dijo que ese lugar no sería seguro por mucho tiempo, entonces le dijo de huir hacia el bosque buscando otro lugar para esconderse. Elsa la tomó de su brazo, apretó con lo que le quedaba de fuerzas y, por primera vez, le dijo: «mamá».